La carta que toma la comanda.
Tu cliente escanea, pregunta y pide desde la mesa. El pedido entra solo en tu TPV.
Nadie del equipo tocó nada.Empieza con tu carta
La carta que toma la comanda.
Tu cliente escanea, pregunta y pide desde la mesa. El pedido entra solo en tu TPV.
La carta que toma la comanda.
Tu cliente escanea, pregunta y pide desde la mesa. El pedido entra solo en tu TPV.
La carta que toma la comanda.
Tu cliente escanea, pregunta y pide desde la mesa. El pedido entra solo en tu TPV.
Tu carta QR enseña los platos. Pero no vende ninguno.
El cliente escanea, mira el PDF, pide lo de siempre y cierra. En esa mesa nadie sugiere el postre, nadie saca el vino que marida, nadie resuelve el "¿esto lleva gluten?". Esa conversación — la que mueve la cuenta — hoy no la está teniendo nadie. Menudo Menú la tiene por ti. En cada mesa, en cada turno.
Se sabe tu carta de memoria. Hasta lo que lleva la salsa.
Cada plato, cada ingrediente, cada alérgeno, cada sugerencia. Y no es un "asistente virtual" genérico: tiene nombre propio, habla como habla tu casa y lleva tus colores. El de una taberna no suena como el de un japonés — y el tuyo suena a ti.
vídeo combo 15–30 s
escena celíaco · vertical
pantalla real
"Somos 4 y uno es celíaco. ¿Qué nos recomendáis?"
En segundos, una propuesta cerrada: entrantes para compartir, un principal por cabeza, todo apto para el celíaco. ¿No convence un plato? Se cambia y recalcula el resto. Y no improvisa: detrás hay un motor propio que solo trabaja con tu carta. La misma pregunta da la misma respuesta — no un invento distinto cada vez.
El asistente ayuda a filtrar alérgenos y dietas; la validación final de cada plato siempre es del restaurante.
Un buen camarero sube el ticket. El problema es tener uno en cada mesa.
En el sector se asume que la venta sugerida bien hecha sube el ticket medio un 15–20%. La hace el camarero que se sabe la carta y tiene tiempo de pararse en la mesa — justo lo que no sobra un sábado a las dos y media. Menudo Menú hace venta sugerida en todas tus mesas, todos los turnos: el postre que nadie iba a pedir, el maridaje que encaja, la ración que faltaba para la mesa de cuatro.
Marca los platos que quieres mover — el de más margen, el del día, el que sale de temporada — y el motor los tiene en cuenta. Con una regla que no rompemos: primero va lo que encaja con el cliente; solo entre dos opciones que encajan igual, gana la tuya. No colocamos lo más caro: colocamos lo que mejor encaja, y desempatamos a favor de la casa. Por eso el cliente se fía de la recomendación. Y por eso funciona.
Tu camarero nuevo aún no sabe qué lleva la salsa holandesa. Tu chat sí, desde el primer día.
Menudo Menú se encarga de la parte repetida del oficio: qué lleva esto, qué es apto para el celíaco, qué recomiendas, apunta esto. Tu equipo sigue haciendo lo que ninguna pantalla hace — recibir, servir, estar. Con menos interrupciones, llegan antes a la mesa que sí necesita una persona. Y el día que te falle alguien, la sala no se cae: el especialista en tu carta no coge bajas.
Escanea, pregunta, pide. Sin descargar nada.
captura real del chat
marca restaurante A
captura real del chat
marca restaurante B
Funcionando en una tarde. De verdad.
Tu TPV sigue siendo el centro. Nosotros nos montamos encima: no cambias de sistema, no instalas nada, no tocas tu operativa.
Pruébalo un mes. Si no te convence, lo quitas y aquí no ha pasado nada.
Míralo funcionar en tu móvil. Ahora.
Sin formularios de siete campos ni llamadas de cuarenta minutos. Abre el restaurante de prueba, pregúntale lo que le preguntarías a un camarero, y pide algo. El producto se explica solo.
Respondemos en horario de hostelero.